miércoles, 26 de febrero de 2014

Maleficio palabrífico

Resulta pues, que: he escogido uno de los oficios más difíciles del mundo, aunque bueno, en realidad fue más como una revelación divina. La peor parte es cuando la musa –o en mi caso, el muso (creo)-, llega en el momento más inoportuno del día y lo único que aporta el muy bendito, es un nefasto dolor de cabeza que sólo se cura con una copa de licor de absinthe, aunque ahora que lo escribo, la accidental visita de un “hada verde” no suena tan mal después de todo...

Aún así, el arte de manipular las palabras me resulta realmente agotador a veces, pues llegan a haber días en que las frases están tan revueltas en mi cabeza como en un juego de scrabble.  Sería maravilloso poder organizar mis ideas en carpetas rotuladas por tema, por fecha, por tipo de personas, por tipo de contexto y por estado de ánimo. Lamentablemente, mi nivel de IQ no me alcanza para tanto. En fin, sé perfectamente que no debería quejarme. Después de reconocer que mis destrezas verbales no son ni la mitad de elocuentes que las escritas, creo que voy por buen camino.

De lo que sí puedo quejarme es de la maldición que cayó en mí el día que mi madre decidió dedicarse a ser maestra de primaria.  Quizá sea sólo karma, o que fui la primogénita, el caso es que los horrores ortográficos de toda la población de habla hispana del mundo saltan hacia mí como polillas a la luz a cualquier hora del día o de la noche; en el coche, en la calle, en la TV, en el chatroom, en el Facebook, en las revistas... OMFG! Jamás querría ser testigo de la desdicha que sufrirían mis alumnos si algún día se me ocurriera dedicarme a la enseñanza.  Por eso no lo hago, punto.  Mi nivel de tolerancia es minúsculo.  Lo siento profundamente, en serio.

Y bueno, así como hice las paces con mis canas en recientes fechas, he aprendido a vivir con este maleficio palabrífico, no sin antes haber recibido lindos apodos dignos de una nerd venida a menos como Señorita Morfema.  No pasa nada.  De todos modos no creo poder renunciar a mi horrible hábito de analizar cada palabra que me dicen y no me dicen, así como tampoco dejaré de brincar entre líneas de conversación sin volver loco a mi interlocutor virtual con mis pensamientos de alto voltaje y mis convicciones recalcitrantes... Supérenlo.

Pedacito de edén

El agua cae, perfecta, dentro de un verde marco de altos pinos que esconden impecablemente la dorada luz del sol.  Las nubes bailan, tranquilas, en ese inmenso mar azul claro que dibuja sonrisas de algodón e ingenuas ilusiones, para más tarde ponerse su disfraz nocturno colmado de un gran arsenal de lucecitas centelleantes que acompañan, radiantes, a una luna tímida que apenas llega cuando ya amanece.

Al mirar hacia abajo, un vasto y lejano horizonte se oculta tras el nostálgico ocre de los troncos, las apacibles hojas grises, las montañas azuladas y el elegante traje blanco de un volcán extinto en el olvido. La naturaleza se hace casi imperceptiblemente presente en la hierba silvestre, el incesante canto de los pájaros y los delicados murmullos del viento entre los árboles.  El jovial riachuelo que no olvida su cauce, choca ligero contra las rocas húmedas y cansadas en un profundo silencio misterioso, capaz de conceder los deseos más extravagantes, mientras permanezca la dulce sensación de la fresca brisa rozándote la cara.

lunes, 17 de febrero de 2014

Misterioso destino


Hay un misterio que vive en un aquí eterno.
Duermes con él, despiertas con él y permanece, latente...
Es un mudo espectador de lo cotidiano, de lo materialista/
De la contaminación, de lo banal que inunda nuestra vida/
Del quehacer social y el de casa, que a veces abruma.

De pronto algo, alguien llega, aunque no del todo, 
                                     porque la espera continúa.
Interrumpe tu ritmo, altera tu organismo, te sacude/ 
Te expulsa hacia un insólito mundo paralelo donde las calles y las personas son familiares pero irreconocibles...
El dolor abdominal se vuelve presentimiento e incertidumbre/
El deseo ahora es frágil y corre el riesgo de extinguirse.

Pero todavía existe alguien al otro lado del vasto espacio/
a cientos de kilómetros de ondas GSM
que seguro tiene una versión distinta, una explicación lógica y circunstancial/
Porque no todos coexistimos en una misma mente...

Y a pesar de la nimiedad de este vasto universo dilatado,
su inmensidad es apenas suficiente para perdernos en él/
y que nuestros pasos nunca encuentren el camino para reunirse.
Y sólo le toca al destino decidir 
               -si es en esta vida o en cualquier otra-, 
regalarnos la dicha de coincidir por un instante o por una eternidad/
Pues nunca sabremos si los sueños realmente se vuelven realidad.

Pequeña historia épica

Ahí estaba ÉL: fuerte y robusto cual roble en medio del tornado.  Su armadura radiante, su yelmo majestuoso, escondidos detrás de un imponente y regio escudo de opulentos ornamentos.  Su monumental espada erguida excelsa al frente, dispuesta a iniciar la épica cruzada por defender su profundo silencio y el sempiterno infundio de aquel dichoso antifaz suyo con el que tantas veces se había engalanado.

Y ahí estaba ELLA: frágil como las hojas sepia del otoño, ataviada sólo con sus dorados cabellos, sin máscaras ni bagajes, sin egos ni prejuicios, sin temores ni vergüenzas... dispuesta solamente a entregarle su alma desnuda como tantas veces lo había hecho sin crucificarse a sí misma, sin juzgar sus infinitas razones para permanecer cerca eternamente a pesar de la nostalgia, a pesar de la soledad perenne y de su acaso absurdo e inexorable argumento.

lunes, 10 de febrero de 2014

Habemus música

Lo mío, son las palabras.  Lo mío, es la música y las historias detrás.  Colecciono momentos y corazones; fotografías y tipografías.  A ratos me siento en silencio y observo cada gesto, cada postura, cada opinión de quien se cruza por mi camino.  Medito, analizo, invento contextos, imagino conversaciones, sueño con sonrisas y pienso a gritos.

Sufro de una necesidad constante por exorcizar mis demonios, mi nostalgia y mi soledad interna.  Les pido paciencia.  Algunos de mis garabatos literarios ya cumplieron 16 años refundidos, primero, en algún floppy disc que apenas a tiempo logré rescatar de la polilla y que han sobrevivido en alguna carpeta escondida de mi laptop.  En ese entonces, Nandy (mi alter ego post-universitario) escribía (o más bien, escupía) tanta estupidez, que me he visto en la necesidad de editar y cambiar el estilo ñoñezco, por algo un poco más, digamos, old-fashioned chic.  De todas formas, creo que nunca dejaré de ser más que una mortal y mundana intelectualoide perfeccionista wannabe, que seguirá soñando en colores y tonalidades utópicas, esperando un buen día despertar fuera de “la matrix” sólo para darme cuenta de que realmente no estaba tan loca como parecía.


Y precisamente hablando de enfermedades mentales, debo decir que hace relativamente poco, casi al mismo tiempo que descubrí mi cicatriz de la vacuna contra el tétanos, me auto-diagnostiqué una rara afección que he bautizado como “Esquizofrenia Musical Aguda-Crónica” (de ahí el título del presente galimatías), al volverme consciente de que cada mañana cuando despierto, invariablemente escucho una canción en mi cabeza (acaso un efecto secundario de ser una melómana adicta sin esperanza).  Y bueno, es lindo cuando la rola del día vive escalando posiciones en mi propio chart musical, pero es horrible cuando se trata de algún hit popero interpretado por algún remedo de artista pre-apocalíptico, o peor aún: de un ritmo bien llamado “ranchero” o perteneciente al vasto folklor naco de este bendito país, pues aunque siempre he pensado que mi sentido musical es bastante ecléctico, debo aceptar que existen límites que van mucho más allá de lo que mis oídos pueden llegar a soportar.


En fin, ya habrá tiempo para seguir siendo diletante en aquel o cualquier otro tema.  Hoy por lo pronto, trataré de sobrevivir a una deliciosa base rítmica bastante salvaje que a buen volumen, seguramente será fascinante sentir cómo retumba en mis oídos así como en las sensibles paredes de mi caja torácica. 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Deliciosa nostalgia


¿Qué fue de aquellas charlas perfectas bañadas en café con leche?
Extraño esa libertad que sólo tienen los que se saben libres.
Quiero bailar y celebrar la vida, quiero decir tantas cosas y no encuentro el momento...  el espacio es cada vez menor y de pronto ya no estoy, regreso a un tiempo que ya no es, pero todo parece tan real que mi cuerpo no lo olvida y mi mente se aferra sin poder evitarlo…
Y voy y vengo itinerante más allá y más acá en un sueño diurno interminable.

Mil personas, mil momentos, mil lugares que seguirán lejos. 
Abrazos, caricias y el bla bla bla inundado de notas musicales, humo, copas, luz tenue y miradas profundas. 
Días de lluvia y soledad, días de sol y fotografías al aire libre. 
Tardes de arte y literatura, vino y camaradería.
Noches de locura y deseo, labios que se atraen, bocas que seducen, besos que llegan muy tarde o muy temprano, cuerpos que tiemblan de dicha o de miedo... 
Invitados casuales, poemas al aire, canciones y letras que no se olvidan. 
Miradas hipnotizantes, cuerpos tibios, sueños realizados e irrealizables.
Baile y sensualidad, erotismo bajo la brillante luz de una luna que concedía deseos, acercaba corazones y reunía espíritus divagantes.
Pláticas divertidas y otras adictivas, palabras repetidas y algunas no pronunciadas en silencios sellados con olvido.

Y las horas se vuelven viento, recorren mi piel y se pierden cargadas de nostalgia y añoranza... ahora vienen, ahora van, ahora se funden en un eterno suspiro.

Divagaciones nocturnas

El mundo va, no se detiene…
Avanza con prisa y nos lleva de paso, y nos pasa de largo.
Con él van nuestros pasos y no regresan;
y la vida se acorta y nos acortamos en ella.

El temor se esfuma tras el blanco y negro de las fotografías/

Trato de alcanzar mi sombra pero es imposible/
En ella reposa todo el peso de mi mente taciturna,
y sólo un suspiro me aparta de este loco laberinto de emociones virtuales.

Hay tanto qué decir y no salen las palabras/

Hay un nudo adentro de una inmensa e impenetrable telaraña.
Sólo espero que con el tiempo aparezca de pronto el perfecto medio de entre la bruma,
y encuentre las palabras precisas para explicarlo con un susurro/
pues hoy deseo salir de estas interminables divagaciones nocturnas
que transportan mi mente a lugares empapados de tormenta.

martes, 4 de febrero de 2014

Amaneceres musicales

Hay días en que tu cabeza se llena de una bola de palabras y frases sin sentido que buscan la manera de moverse a un mismo ritmo y que no encuentran la salida al delicioso exterior de deseos mundanos infinitos.

Hay tardes de lluvia y sol cuando lo único que buscas es una hermosa compañía que comprenda tus debrayes sin hacer una sola pregunta.  Hay también noches melancólicas en las que antiguos sentimientos que creías enterrados resurgen en un instante y te vuelven vulnerable con una nostalgia incontrolable. 

Pero así como hay mañanas y tardes lluviosas y alegres, y atardeceres y medias noches amargas y tristes, también hay días en que el sol surge de entre la montaña y te roba una sonrisa; y el día te agradece que hayas despertado temprano con esa brisa fresca de olor a naturaleza y humedad: exquisita compañía para el café...  y la música siempre estará allí para hacerte sentir vivo.


Siempre he pensado que la música es definitivamente lo único que llevaría al final de mi viaje: es como un pequeño duende capaz de hacerme sentir, de acompañarme, de hundirme y sacarme de lo profundo de mis pensamientos; de divertirme, de hacer que mi mente vaya y venga una y otra vez a lugares infinitos, a otras realidades... y volverme a traer y plantarme en un eterno pasado y un eterno futuro, y un presente que nada tiene que ver con la delirante locura que habita en esta abstracta utopía.

Cuéntame tus historias

Cuéntame tus historias que quiero conocer tu mente.
Recuérdame cómo es estar enamorado no precisamente de alguien.
Quiero saber qué hay ahí adentro y si puedo tomarlo prestado,
pues tus palabras son como cinceles que trabajan sobre piedra, y se quedan.

Enséñame a utilizar las palabras para salir de mí y dejar entrar al mundo,
pues es muy difícil codificar los sentimientos pasados y presentes.
Quisiera que al menos tus dedos me regalaran una pequeña pista y poder tocarlos,
y así su magia se convierta en toques eléctricos dentro de mi cuerpo.

Cuéntame tus historias que muero de ganas por saber si estoy dentro,
pues al parecer al destino no le interesa juntarnos.
El deseo está infinitamente envuelto en la tierna espera de encontrarnos,

y la distancia se acorta cada vez que te leo e imagino que ese día se acerca.

lunes, 3 de febrero de 2014

Soy un hada

Soy el hada que acompaña tus sueños y aventuras diurnas. 
Ese deseo inconsciente de tus fantasías nocturnas/
que se cuela bajo las heladas sábanas de tus noches oscuras.

Soy el eclipse falaz de tu luna y tu sol.
El balance perfecto del frío y el calor que inundan tu corazón/
Ese relámpago seductor que de pronto se funde con tu alma sin razón. 

Soy la magia que envuelve tu vida y la mística que invade tu eternidad. 
Lo que siempre has anhelado pero que temes tener/
Lo que acaso te hace tanta falta y no puedes entender.

Soy mucho más que palabras y caricias/
que verdades y mentiras/
que canciones y poesía... 

Soy el hada que vuela a tu lado eternamente/
Esperando con mi alquimia abrir tu mente/

y que algún día finalmente, sin darte cuenta, me dejes entrar.