Lo mío, son las palabras. Lo mío, es la música y las historias detrás. Colecciono momentos y corazones; fotografías y tipografías. A ratos me siento en silencio y observo cada gesto, cada postura, cada opinión de quien se cruza por mi camino. Medito, analizo, invento contextos, imagino conversaciones, sueño con sonrisas y pienso a gritos.
Sufro de una necesidad constante por exorcizar mis demonios, mi nostalgia y mi soledad interna. Les pido paciencia. Algunos de mis garabatos literarios ya cumplieron 16 años refundidos, primero, en algún floppy disc que apenas a tiempo logré rescatar de la polilla y que han sobrevivido en alguna carpeta escondida de mi laptop. En ese entonces, Nandy (mi alter ego post-universitario) escribía (o más bien, escupía) tanta estupidez, que me he visto en la necesidad de editar y cambiar el estilo ñoñezco, por algo un poco más, digamos, old-fashioned chic. De todas formas, creo que nunca dejaré de ser más que una mortal y mundana intelectualoide perfeccionista wannabe, que seguirá soñando en colores y tonalidades utópicas, esperando un buen día despertar fuera de “la matrix” sólo para darme cuenta de que realmente no estaba tan loca como parecía.
Y precisamente hablando de enfermedades mentales, debo decir que hace relativamente poco, casi al mismo tiempo que descubrí mi cicatriz de la vacuna contra el tétanos, me auto-diagnostiqué una rara afección que he bautizado como “Esquizofrenia Musical Aguda-Crónica” (de ahí el título del presente galimatías), al volverme consciente de que cada mañana cuando despierto, invariablemente escucho una canción en mi cabeza (acaso un efecto secundario de ser una melómana adicta sin esperanza). Y bueno, es lindo cuando la rola del día vive escalando posiciones en mi propio chart musical, pero es horrible cuando se trata de algún hit popero interpretado por algún remedo de artista pre-apocalíptico, o peor aún: de un ritmo bien llamado “ranchero” o perteneciente al vasto folklor naco de este bendito país, pues aunque siempre he pensado que mi sentido musical es bastante ecléctico, debo aceptar que existen límites que van mucho más allá de lo que mis oídos pueden llegar a soportar.
En fin, ya habrá tiempo para seguir siendo diletante en aquel o cualquier otro tema. Hoy por lo pronto, trataré de sobrevivir a una deliciosa base rítmica bastante salvaje que a buen volumen, seguramente será fascinante sentir cómo retumba en mis oídos así como en las sensibles paredes de mi caja torácica.
Quiero despertar de la Matrix, protagonizar la música en mi cabeza, quiero que desaparesca del mundo el Regguetón, la bana y las rancheras, quiero seguir leyendo...
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