lunes, 17 de febrero de 2014

Pequeña historia épica

Ahí estaba ÉL: fuerte y robusto cual roble en medio del tornado.  Su armadura radiante, su yelmo majestuoso, escondidos detrás de un imponente y regio escudo de opulentos ornamentos.  Su monumental espada erguida excelsa al frente, dispuesta a iniciar la épica cruzada por defender su profundo silencio y el sempiterno infundio de aquel dichoso antifaz suyo con el que tantas veces se había engalanado.

Y ahí estaba ELLA: frágil como las hojas sepia del otoño, ataviada sólo con sus dorados cabellos, sin máscaras ni bagajes, sin egos ni prejuicios, sin temores ni vergüenzas... dispuesta solamente a entregarle su alma desnuda como tantas veces lo había hecho sin crucificarse a sí misma, sin juzgar sus infinitas razones para permanecer cerca eternamente a pesar de la nostalgia, a pesar de la soledad perenne y de su acaso absurdo e inexorable argumento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario