Cuéntame tus historias que quiero conocer tu mente.
Recuérdame cómo es estar enamorado no precisamente de
alguien.
Quiero saber qué hay ahí adentro y si puedo tomarlo
prestado,
pues tus palabras son como cinceles que trabajan sobre
piedra, y se quedan.
Enséñame a utilizar las palabras para salir de mí y
dejar entrar al mundo,
pues es muy difícil codificar los sentimientos pasados
y presentes.
Quisiera que al menos tus dedos me regalaran una
pequeña pista y poder tocarlos,
y así su magia se convierta en toques eléctricos
dentro de mi cuerpo.
Cuéntame tus historias que muero de ganas por saber si
estoy dentro,
pues al parecer al destino no le interesa juntarnos.
El deseo está infinitamente envuelto en la tierna espera
de encontrarnos,
y la distancia se acorta cada vez que te leo e imagino
que ese día se acerca.
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